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Crecimiento Económico y Productividad

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RENTA

Llamase renta en general aquella parte de valores que un hombre percibe en el discurso de un año, sea trabajando por sí mismo, sea prestando á otro los medios de trabajar que posee. Así pues, renta significa el producto con relación al tiempo. Toda renta consiste en géneros ó frutos, resultado del trabajo propio ó del empleo de nuestra fortuna. El productor de esta riqueza puede aplicarla inmediatamente á su consumo personal, ó adquirir otras riquezas en cambio; y en este caso la importancia de su renta no se mide por la cantidad de las especies producidas, sino por su valor. La expresión de la renta en numerario no altera su esencia, porque la moneda es el común denominador de los valores que la componen, y no la transformación de su naturaleza. Solamente debe repararse que subiendo el valor de la moneda, crecerá la renta, y al contrario menguará, si baja. Por esta razón la carestía de las cosas necesarias ó útiles á los usos de la vida disminuye la renta de los que viven de sueldos y pensiones fijas ó censos constituidos en dinero; mientras, que los propietarios de fincas rústicas ó urbanas, los capitalistas y los trabajadores de toda clase cuya renta consistiere en especies, cuando sube el precio de los frutos, hallan amplia compensación de lo más que les cuestan los objetos de su ordinario consumo, en la subida equivalente del precio de sus productos y servicios. Considerando, pues, que la renta se mide por el valor, y que el valor ordinariamente se expresa en numerario, conviene dividirla en real y nominal. Esta es la suma de dinero cobrada á titulo de renta, y aquélla la cantidad de productos que puede comprarse con ella. De donde se sigue que una misma renta nominal significa en diversos tiempos y lugares muy distintas rentas reales, y una misma renta real muy diferentes rentas nominales según la carestía ó baratura de los artículos de primera necesidad, de comodidad y regalo. Toda renta es remuneración de un trabajo ó servicio productivo; y aunque importaría á la claridad del asunto expresar la idea con un solo signo, la necesidad de acomodar el lenguaje científico al uso común de las gentes, obliga á emplear varias denominaciones. Así la renta del sabio ó del hombre dedicado al ejercicio de ciertas profesiones liberales se llama honorario: la recompensa del trabajo manual jornal ó salario: la retribución debida por el empleo de un capital interés ó crédito: la parto que representa el uso productivo de una tierra arrendamiento, y ganancia ó beneficio la utilidad lograda por un empresario de industria. Cada uno de estos productores vive de su trabajo personal ó de los frutos de su trabajo acumulados en forma de capitales, tierras de labor, edificios, etc.; en fin, cada uno vive á expensas de su ciencia, arte ó propiedad. Por eso es un grave error y además una injusticia de funestas consecuencias, suponer que el obrero vive como un parásito de la tierra ó del capital ajeno, y decir que el empresario se aprovecha del sudor del obrero. Hay en la producción y distribución de la riqueza, bajo la ley de la concurrencia, un concierto maravilloso de voluntades é intereses, una verdadera armonía económica, porque todo se resuelve en un cambio recíprocamente útil de servicios por servicios. Cada cual pone en común su actividad libre, su habilidad, su diligencia y hasta su buena ventura, para recoger en un plazo más ó menos largo el premio de su trabajo sin que nadie viva á merced de nadie; de modo que puede haber clases menesterosas, pero no tributarias. La suma de las rentas particulares constituye la renta nacional. Compónese la lenta de las naciones del producto anual de su agricultura y sus minas, de sus fábricas, artes y oficios, de su comercio interior y exterior, y en fin de todos los valores derivados de sus diversas fuentes de trabajo. Divídase esta renta colectiva en bruta ó total y líquida ó neta. La primera contiene los gastos de la producción, y la segunda el exceso ó sobrante deducidas las anticipaciones: aquélla colma los vacíos del ordinario consumo, y ésta supone la creación de nuevos valores y el acrecentamiento sucesivo de los capitales. La renta líquida ó neta es la expresión exacta y rigorosa de la potencia industrial de cada pueblo. Al formar el inventario de todas las rentas individuales cuyo conjunto forma la renta líquida de la nación, es preciso guardarse de caer en el error de computarlas dos veces, por ejemplo, si consideramos en globo la renta del propietario, y á esta partida añadimos la del jornalero, ó confundimos en una suma las ganancias del fabricante y el interés del capitalista, ó calculamos las utilidades del labrador y la cuota del arrendamiento. Como no hay producto neto sino después de averiguado el sobrante de la producción con respecto al consumo, conviene sutilizar en la investigación del equilibrio entre los créditos y las deudas respectivas, y buscar los factores de la verdadera renta nacional en el tesoro común del estado.

TEORÍAS DEL CRECIMIENTO ECONÓMICO Existen grandes discrepancias sobre la mejor manera de alcanzar el objetivo del crecimiento económico. Algunos economistas subrayan la necesidad de aumentar la inversión de capital. Otros la de fomentar la investigación y el desarrollo y el cambio tecnológico. Existe un tercer grupo que pone énfasis en el papel que desempeña la mejora del nivel de estudios de la mano de obra. En el análisis siguiente, examinamos las teorías del crecimiento económico.


La dinámica clásica de Smith y Malthus Estos economistas hacían hincapié en el papel fundamental que desempeñaba la tierra en el crecimiento económico. Adam Smith escribió un manual de desarrollo económico. Comenzó con una era de oro hipotética: "Aquel estado original de cosas, que precede tanto a la apropiación de tierra como a la acumulación de capital". Como es posible disponer libremente de la tierra, la población ocupa simplemente una mayor extensión y como no hay capital, el producto nacional se duplica exactamente al duplicarse la población, los salarios reales obtienen toda la renta nacional, ya que todavía no hay que restar nada como renta de la tierra o intereses del capital. La producción se expande con la población, por lo que los salarios reales por trabajador permanecen constantes a lo largo del tiempo.

Pero esta edad de oro no puede durar infinitamente. Finalmente, a medida que la población continua creciendo, se ocupa toda la tierra. Cuando ya no queda tierra libre, ya no es posible que crezcan de un modo equilibrado la tierra, el trabajo y la producción. Aparecen nuevos trabajadores que inundan las tierras ya trabajadas. Estas comienzan a escasear y se cobra una renta para racionarlas entre los diferentes usos. La población continúa creciendo, y lo mismo ocurre con el producto nacional. Pero ahora éste debe crecer más despacio que la población porque al añadir nuevos trabajadores a una cantidad fija de tierra, ahora cada trabajador tiene menos tierra con la que trabajar, lo que, naturalmente, hace que entre en funcionamiento la ley de rendimientos decrecientes. La relación creciente entre el trabajo y la tierra reduce el producto marginal del trabajo y, por lo tanto, los salarios reales y las rentas per cápita. Al mismo tiempo, al ser más escasa la tierra, aumenta la renta por acre de tierra. Los terratenientes ganan a expensas del trabajo.

El pesimista Malthus, por su parte, pensaba que las presiones de la población llevarían a la economía a un punto en el que los trabajadores se encontrarían en el nivel mínimo de subsistencia. El razonamiento de Malthus era el siguiente: siempre que los salarios fueran superiores al nivel de subsistencia, la población continuaría creciendo. Si fueran inferiores, la mortalidad sería alta y la población disminuiría. La población sólo se encontraría en un equilibrio estable a los salarios de subsistencia. Creía que las clases trabajadoras estaban abocadas a una vida brutal, desagradable y breve.

El crecimiento económico con acumulación de capital: el modelo neoclásico Cuando las economías de mercado entraron en el siglo XX crecieron importantes y nuevas industrias en torno al teléfono, el automóvil y la energía eléctrica. La acumulación de capital y las nuevas tecnologías se convirtieron en la fuerza más dominante en el desarrollo económico. Para comprender cómo influyen en la economía la acumulación de capital y el cambio tecnológico, se debe hacer mención al "modelo neoclásico de crecimiento". Éste fue desarrollado por Robert Solow y es un instrumento básico para comprender el proceso de crecimiento de los países avanzados. Supuestos básicos: El modelo neoclásico de crecimiento describe una economía en la que se produce un único bien homogéneo mediante dos tipos de factores, capital y trabajo. El crecimiento del trabajo es determinado por fuerzas ajenas a la economía y no se ve afectado por variables económicas. Se supone, además, que la economía es competitiva y que siempre se encuentra en el nivel de pleno empleo. Los principales ingredientes nuevos en el modelo neoclásico son el capital y el cambio tecnológico. Se parte del supuesto que la tecnología permanezca constante y se apunta al papel que desempeña el capital en el crecimiento económico. Se supone, además que hay un tipo único y versátil de bien de capital (llamado K). Por lo tanto, el stock agregado de capital es la cantidad total de bienes de capital. Si L es el número de trabajadores (K/L) es la relación entre capital y trabajo. Los economistas destacan la necesidad de la intensificación del capital, que es el proceso por el que la cantidad de capital por trabajador aumenta con el paso del tiempo. Por ejemplo el sistema de regadío en la agricultura que al incrementar la cantidad de capital por trabajador se produce un crecimiento importante en la producción agropecuaria. Por otra parte, el salario pagado a los trabajadores tiende a aumentar conforme se intensifica el capital, esto es así debido a que cada trabajador tiene más capital con el que trabajar, por lo tanto aumenta su producto marginal. La influencia de la intensificación del capital en el modelo neoclásico de crecimiento puede resumirse de la siguiente manera: El capital se intensifica cuando su stock crece más deprisa que la población trabajadora. En ausencia de cambio tecnológico, la intensificación del capital eleva la producción por trabajador, el producto marginal por trabajador y los salarios; también hace que el capital muestre rendimientos decrecientes y que, como consecuencia, disminuya la tasa de rendimiento del capital. LAS TEORÍAS CLÁSICAS DEL CRECIMIENTO

Las primeras preocupaciones de los economistas clásicos se dirigieron precisamente hacia el problema del crecimiento económico. El modelo elaborado por Adam Smith y desarrollado por Malthus tenía un substrato esencialmente agrarista. Mientras hubo tierras libres, la humanidad pudo crecer sin ningún límite. El exceso de población, cuando se producía, tenía una vía de escape en la emigración y en la roturación de nuevas tierras. Todos los individuos podían así obtener con su trabajo el producto suficiente para su subsistencia y para el mantenimiento de su familia. Pero cuando todas las tierras fértiles fueron ocupadas, el proceso de crecimiento empezó a mostrar sus limitaciones. Al continuar aumentando el número de los pobladores, los nuevos terrenos agrícolas requerían un mayor esfuerzo y proporcionaban menor cantidad de producto. Las mejores tierras tenían que alimentar a una población creciente y la mayor cantidad de trabajo que se les aplicaba conseguía muy menguados resultados en la producción. En otras palabras, cuando la tierra se convirtió en un factor limitativo, la ley de los rendimientos decrecientes empezó a actuar y la productividad del trabajo a disminuir. Esta disminución en la productividad del trabajo conduce a un punto de equilibrio en el que los individuos sólo pueden obtener lo necesario para su subsistencia. Si se intenta superar ese punto, si continúan reproduciéndose los seres humanos, el exceso de población resultante será eliminado por el hambre, las enfermedades y las guerras. Este estado estacionario es la situación a la que tienden todas las sociedades, el punto final ineludible de todo proceso de crecimiento económico. El reverendo Thomas R. Malthus era un pastor anglicano, hombre de profundas convicciones morales y religiosas. Consideraba la existencia de sólo tres formas de control de la población: a) la miseria, es decir, hambre, enfermedades y guerras; b) el vicio, es decir, el desahogo de las pasiones humanas mediante prácticas sexuales que no conducen a la procreación y c) la autorestricción moral, es decir, la abstención sexual. Esta última era la solución que el reverendo Malthus proponía. Es curioso observar en la actualidad cómo se deforman las ideas de los autores clásicos y cómo los que están más próximos ideológicamente a Malthus son precisamente los que lo demonizan y se consideran a sí mismos "antimaltusianos".

El evidente crecimiento industrial que se produjo a partir de la segunda mitad del siglo XVIII requería una explicación diferente. El modelo elaborado por Ricardo y Marx incluyó por tanto el capital como el principal factor del crecimiento económico. Pese a ello, presentaba muchas similaridades con el de sus predecesores y conducía a conclusiones igualmente pesimistas. El número de trabajadores es el que actúa aquí como factor limitante. La acumulación del capital hace que aumente la cantidad de capital existente por trabajador. La escasez creciente de trabajadores hace que aumente el salario real que perciben y que disminuya la productividad del capital. La tasa de beneficios disminuye de forma continua hasta que se hace nula y se detiene la acumulación. Se llega así de nuevo a un estado estacionario.

LAS TEORÍAS MODERNAS DEL CRECIMIENTO

Un gran número de economistas modernos, de los que el más destacado es S. Kuznets, han dedicado su labor investigadora a la ingrata tarea de recopilar, depurar y estimar los datos históricos y la magnitud de las variables económicas durante largos períodos de tiempo en los países occidentales. De los resultados de sus muchos años de esfuerzo se pueden deducir varios hechos, característicos del crecimiento económico de los países actualmente más desarrollados. Destacaremos algunos de esos hechos:

La población ha crecido de forma sostenida. El capital ha crecido más rápidamente que la población. La producción ha crecido más rápidamente que el capital. El salario real ha crecido más rápidamente que la productividad, estimada como producción por hora de trabajo. Los cambios en la distribución funcional de las rentas han resultado ligeramente favorables a las rentas del trabajo. El tipo de interés ha oscilado de forma cíclica, sin que se pueda distinguir una tendencia determinada, aunque con visible reducción de la volatilidad. La relación capital-trabajo ha permanecido estable a partir de 1950. Aunque en la industria esa relación ha aumentado, el desplazamiento de un gran número de trabajadores hacia el sector servicios ha mantenido estable dicha tasa considerada globalmente. La relación inversión/producto ha permanecido estable. La tasa de crecimiento del producto ha permanecido constante a largo plazo y muy superior a la tasa de crecimiento del trabajo, del capital y de los recursos productivos. Todos estos hechos contradicen en conjunto la hipótesis del estancamiento final de los modelos clásicos. Parece indiscutible actualmente que el crecimiento económico no depende sólo del crecimiento de los factores productivos —la cantidad de tierra, de trabajo y de capital disponibles— sino también y principalmente de las mejoras en el conocimiento, en la tecnología y en la organización de las empresas.

Robert Solow y otros economistas modernos han tratado de medir la contribución de cada uno de los factores al crecimiento económico mediante las técnicas de la contabilidad de las fuentes del crecimiento. Sus estimaciones quedan resumidas en el cuadro adjunto. El producto ha crecido en los últimos decenios en los países occidentales desarrollados a una tasa media del 3,2%; de ella, el 1,1% se debe al crecimiento cuantitativo de los factores de producción mientras que el restante 2,1% se debe a los aumentos en la productividad de estos factores, es decir, a las mejoras en la educación y en el saber humano.

Schumpeter ha ofrecido una explicación del crecimiento económico que hace compatible la ley de los rendimientos decrecientes y los hechos observados en la realidad: Las oleadas de descubrimientos e inventos que se producen periódicamente provocan repentinos aumentos en la tasa de beneficios del capital y en la inversión; conforme se extienden los nuevos conocimientos y se imitan las nuevas tecnologías, los beneficios empiezan a disminuir y con ellos la tasa de inversión hasta que una nueva oleada de descubrimientos impulse a una nueva fase expansiva. Otros modelos ponen el acento en la búsqueda de una tasa de crecimiento estable que permita eludir las crisis periódicas. El de Harrod-Domar, considera que esa tasa natural de crecimiento debe coincidir con el ritmo de crecimiento de la "unidad de eficiencia" del trabajo. Para Von Neumann esa tasa tiene que ser igual a la del tipo de interés real con la condición de que todos los beneficios se reinviertan.

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